Miles de manos me aprietan entre las sabanas.
Siento escalofríos por todo mi cuerpo, hago fuerza, mas es inútil.
Veo los ojos de uno de ellos, son profundos, de un granate que parece hipnotizar.
Apartar la mirada me parece imposible y el tiempo se detiene.
Ese demonio me refleja a la perfección, triste conclusión.
Tal Narciso no puedo dejar de observarme.
Algo rompe el momento, mi mente escapa apenas del trance.
Todos me rodean, me pregunto De donde salen todos estos demonios?
Atrapado no puedo mas que observar, taciturno percibo partes mías en cada ser sin vida.
Mis miedos, mis defectos se exteriorizaron. Ya no están dentro mío.
Me persiguen aquí afuera. Cada error, cada decisión, cada defecto ahora tiene garras y ojos que castigan, consumen y viven si vida. Rodeándome, hiriéndome, consumiendo trozos ardientes de mi alma. Son insaciables y yo duro, preso de pánico dejo consumirme tal como estuviera en el orco.
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Se regodean con mi dolor, llenan sus estómagos de sueños y deseos. Esos los alimenta.
GRITO!! Mas descubro que estoy mudo, no hay un ápice de fuerza en mi cuerpo maltrecho. Alguien escucho mis gritos afásicos.
Gotas de fuego caen de la bóveda, lluvia ardiente del cielo.
El techo se derrite y deja paso al firmamento.
La furiosa luna ilumina mi cuerpo, ángeles de muerte huyen espantados por el fulgor.

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